Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

De las cartas cerradas y otras incoherencias (tomo II)



 Platónicos


Las guerras han pasado. Todas las viejas guerras han pasado y se quedan atrás, como un descontextualizado montículo de escombro.

Eso ha sucedido en mi presente. Observo la alegría con unción y no giro los ojos porque como siempre pregonaste, todo está por venir y todo por vivirse. Pose y solamente pose tus palabras que iban de la superación al descalabro con la agilidad que da la práctica del rol du fisic que te impusiste.

Yo, que no soy de desesperaciones y que aprendí la pausa del sniper, avanzo sin premura por la senda del sol y aún en este mar de lluvias en que se ha convertido la ciudad, mi vida es un rescoldo intacto. 

Ya sabés que di todo lo que pude y nunca pedí nada. Ni siquiera a vos te pedí nada y nadie mejor que vos sabe de eso porque te quedaste esperando que llegara a pedirte lo que nunca tuviste capacidad de dar. Nadie, tampoco, me pidió nunca tanto como vos, con tu amor hecho de desmesura y de tragedia que enmascarabas con filosofía y algo de carnaval made in Venecia.

Quiero compartirte esta felicidad que durante tanto tiempo me pareció un mundo intransitable y que ahora es como el único mundo en el que vivo. 

Todos quisimos morir alguna vez aunque a mí se me daba siempre mejor el dolor que el suicidio. Por eso, supongo, no morí.

Vos eras reclamante, siempre a pie de suicidio, y aunque yo no te creyera las barbaries te dotaban de una interesante insensatez, debido a la cual, siempre mis brazos soportaron tu peso. Sí, fue así, soportaron tu peso, tus roturas, tus desafueros y tus estratagemas pendulares entre el amor y la ira. 

Especulaste con que soy de renuncia difícil y jugaste tus cartas de derrota. Te fuiste y me quedé en el mismo lugar sin cortarme ni el canto ni las venas, porque siempre amanece para mí.

Te extraño mucho. Quisiera hablarte de mi felicidad como esta cosa sana que me pasa y me llena el corazón de música y perplejidad. Por eso se me da por escribirte, para contarte qué inmensa es esta vida en que yo me quedé y que vos declinaste.

Siempre fui un animal de resistencia, con los pies en el barro y la tierra que piso fue mi mejor quimera.
Hoy no te tengo. Yo no te tengo más. No puedo compartir la carcajada, el brindis, el silencio. No puedo compartir nada con vos mas que esta sola carta en que recuerdo nuestras largas charlas invencibles sobre todos los bueyes perdidos del planeta.

Vos me amaste y te amaba. Todavía te amo aunque sea con esta forma que es lo mejor que tengo de mí mismo: mi forma de escribirte.

Andarás en tus mundos, esos mundos en que nunca creí pese a las pruebas que apilabas delante de mis ojos, siendo feliz, porque eso me decías: quiero volver a mi mundo para ser otra vez feliz.

Yo también soy feliz, hermano amado, amor de mis amores más sangrantes. Soy feliz acá, en esta pobre Gaia de las guerras. Puedo decirte que por fin, después de tanto caminar la tierra del desastre, llegué al punto de inflexión en que te dan la enorme recompensa. 

Creo que estoy al pie del arcoíris y encontré la vasija de la paz.


Simplemente esencial



Ultimamente viajo hacia mis mundos en el espíritu de la simpleza. Ya asumo que la calma es alegría y que en este olor a puro hogar, hay tiempo para hacer verdad los sueños con solamente sacudir su polvo. 

Ir a buscar los sueños postergados en los altos anaqueles de mi memoria fiel y bajar sus preciosas cajas llenas de secretos prodigiosos constituye ahora mi aventura.

Con mi hijo menor cazamos ranas que luego liberamos. Le enseño, sobre mi mano, el mundo de las ranas que habitan el jardín y se ocultan en los lugares húmedos. Amadî se ríe mientras acaricia las ranitas a las que les va poniendo nombres. A algunas las bautizó como los personajes de un cuento de mi amiga Mirella: “La bruja Sofronia”. Cuando me trae un sapo le explico que es un sapo y él lo bautiza como al peluquero del cuento, porque dice que como el peluquero, el sapo habla con la garganta.

También, con las tormentas, a veces encontramos pájaros golpeados. Los llevamos al garaje, donde no entra mi gata, para curarlos. Hemos entablillado varias patas y alas que luego han vuelto a volar y a caminar.

Esta tarde de lluvia, tomamos por asalto el territorio de mi suegra o sea “la cocina”. Su reino rindió a nuestra invasión sus banderas de harina, sus neviscas de azúcar, sus misterios de especias. 

Para fabricar churros y tortas fritas dulces, mi hijo menor y yo nos disfrazamos de exploradores que debían llegar al mundo mágico del hada de las tortas y aprender sus recetas ocultas para así alimentar a los duendes que se están congelando en el jardín.
 
Ahora estamos todos en el jardín de invierno, mirando la llovizna que va volviendo verde la pequeña selva que nos rodea con su perfume a libre. Tomamos chocolate que preparó mi suegra y comemos lo que amasamos y freímos con Amadî, pese a los retos de mi mujer: ¡cómo se te ocurre usar aceite caliente si vas a cocinar con el nene!

Escuchamos música, conversamos, nos reímos. 

Yo apagué los teléfonos. 

Escribo.

Jorge y Simón



Leo a estos chicos, tan jóvenes aún, de escritura poderosa, como Jorge Ángel Aussel y Simón Virdaén, los dos tan marcados por la muerte de sus padres y tan francos en sus talentos, y viene a mi memoria inapagable la primera vez que dije: “Escribo porque escribir cura”. Fue en el Café Literario de la Feria del Libro de mi país, después de la entrevista y cuando ya se responden preguntas del público.

Los veo escribir a ambos, cada uno en su estilo, pero fecundos, rotundos, llenos de esa sensación a corazón que define a un buen escritor frente a un buen lector. Porque, aunque todo mediocre usa la muletilla de “solo escribo sentimientos”, para que los sentimientos realmente lleguen al lector potencial en toda su magnitud, hay que saber cómo se escriben. Hay que tener una forma personal, diferenciable, única, para escribirlos.

Frente a estos dos muchachos que no tienen todavía 30 años, me conmuevo porque prima un talento asombrosamente natural, nada suena impostado sino bien escrito, a pesar de que sus estilos tienen aún bastante camino que recorrer. Ya, a ambos, se les nota la excelencia pese a su juventud.
A Jorge le interesa ser escritor. Desde el comienzo fue lo que me dijo.

Simón, por el contrario, no quiere ser “escritor”, sino solamente “escribir bien” pero para sí mismo.

Estamos en el centenario de Juan Rulfo, alguien que superó por lejos con su obra el momento literario en que la escribió. Salió de los moldes, fue un creador esencial, materia pura de talento y fuerza narradora.

Eso es un escritor. Cualquiera sea el estilo que un escritor elija para expresarse, es un tipo al que no alcanza la estadística, se halla fuera de la media y no queda atrapado en el desvío estándar. 

Juntar palabras no es escribir. 

Juntar palabras que ya escribieron otros, no es escribir. Hay que saber juntarlas de otra forma y trabajar en lo diferenciable, porque lo que hace bueno a un escritor es diferenciarse (más allá de la cantidad de promiscuidad que han insertado las editoriales en el seno mismo de la creación literaria).

Todavía nacen de esos, de los de raza, en este mundo tecnológico e individualista que destruye los idiomas y mete todo en la bolsa de los gatos pardos. 

Estos dos muchachos son el ejemplo de que pese a internet, siguen naciendo escritores y que la literatura no es aún un arte menor, condenado a la desaparición bajo el peso de los emojis.


Para el que los quiera leer, dejo los enlaces:


Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Chocolate bombón

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe