Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

En presencia de D.os

Cae el amanecer sobre los cuerpos.

Mis hombres y yo parecemos escombros de polvo.

Me tiro en el camastro como estoy y pienso: te estás haciendo viejo, te quedaste sin esperanza y la vida te empezó a doblar el espinazo ¿Hasta cuando pensás resistir esperando que regresen los milagros?

Me duermo sin la luna. Me duermo boca abajo. Me muero sobre la colcha inmunda y el olor a sudor, desnudo y brillante como un animal desollado al que le tiemblan los músculos sangrientos.

Me duermo y en ese espacio entre la agonía y la desaparición, la siento como un movimiento que se introduce sobre el costado de mi corazón y se acomoda sedosamente tibia, con un empujoncito de resucitación al que no atiendo.

Desaparezco en lo exhausto de mí.

*

La humedad me despierta.

“Carajo, me acabé, me tengo que cambiar el calzoncillo”, pienso, en el semisueño de la eterna vigilia y giro un poco, palpando la mojadura debajo de mi pubis, pero mi mano choca con la gata.

La descubro. Entredormido la descubro ahí, pugnando por pegarse a la dura curva que mi cuerpo le ofrece.

- ¿Estás pariendo, Mook iss?

La sola idea de que no sea semen y sea líquido de parto me despierta del todo.

Y ahí está.

- ¿Estás pariendo encima mío, hija de puta?

La levanto como se levantan las cosas que se rompen. Me siento enorme y torpe, casi bruto, mientras la llevo al nido que preparamos con Roig.

La acaricio.

- Este es tu nidito, putita. Parí acá, no encima mío.

Me quedo un rato en que ella me mira con sus ojos redondos y marrones, acuclillado al borde de los trapos. La acaricio casi sin rozarla. Pienso que mi mano es tan brusca, tan ruda, que puede hacerle daño.

El cansancio que traigo me marea.

Me vuelvo al catre y desde ahí la miro, hasta que los párpados se me cierran.

*

Otra vez.

El cuerpito pegado. El ronroneo. La cabeza que me busca la mano.

- Mook...ya tengo suficiente mierda en este catre...Vamos a tu nidito.

La levanto. La transporto.

Pasamos media hora yendo y viniendo del catre al nidito y del nidito al catre.

Al final me tiro sobre el piso junto al nido.

- Me quedo...me quedo...me quedo con vos.

La tierra se me pega encima del sudor, me pica, me raspa. Extiendo la mano. La apoyo sobre la pancita contraída de la gata.
Y ella empieza a parir.




Una hija y dos nietas.

En presencia de D.os

Estamos en el punto ese tan temido en que son ellos o soy yo.

Y yo soy yo. Y ellos tienen que adaptarse a eso, con sus odios modestos y rabiosos, plagados de conversaciones de camastros y de insultos mordidos.

En esta profesión no existen los tutía.

O son ellos o soy yo. No hay medias tintas entre las jerarquías como el dolor extremo no tiene medias tintas ni hay medias tintas en ninguna tortura que quizás les toque resistir, como me tocó a mí, antes que a ellos.

Se han puesto diametrales y sórdidos.

Ahora somos dos polos que resisten.

Me siento Hulk , carajo.

Que estoy solo desde el lado que salva de la cuerda y tengo en el abismo setecientos monos que cuelgan y que encima, se pelean los unos con los otros.
Decido matar a los más revoltosos.

Les apunto de a uno.

Pac.

De a uno, por si el de más abajo se arrepiente.

Pac.

De a uno, por si el de más abajo reflexiona.

Pac.

De a uno, por si alguien entiende que si un comando no confía en su camarada y lo deshonra, se deshonra a sí mismo.

“No cagues a tu prójimo porque él te salvará la vida” debería ser el segundo mandamiento de la guerra considerando que el primero es: confía tu vida al Dios de los Ejércitos, que él te salvará si está mirando.

Pac.

Patera hundida



La tristeza que escribe en tu talento
de algún lado salió, no está baldía
como no está vacante la porfía
con que le das al mundo linimento.

Yo que me miento tanto y que te invento
el hacedor de toda bonhomía,
siento que se me pierde la alegría
entre tanto paisaje fraudulento.

Sabés lo que querés. Lo vas buscando
tentador de las musas y las preces.
A tiro hecho, segador de mieses,
abonás el terreno de los dioses
mientras sobre las tierra, los feroces
quedamos aturdidos, sollozando.

Quiero habitar un mundo en que el profeta
no se robe del diezmo la cometa*.












* Prebenda en mi país.

Otro sobre elefantes


Uno termina no creyendo en nada, es la verdad y ya no hablo de elevar los ojos a los dioses. Todavía, por ahí, uno aspira a que haya de esos en algún lado.

Me refiero a las cosas de los hombres. A ciertas referencias que uno busca, como  aquello del único hombre bueno y no derrumbaré Sodoma.

En el fondo no puedo exigir nada de los demás, porque yo no soy ejemplo para nada ni para nadie, pero justamente, esto de verse como uno  es, por ahí te hace buscar ideales en otros que vas conociendo, en los que depositás tus ganas de vivir, de que la cosa cambie, de que exista ese hombre bueno en Sodoma.

Así los chascos.

Mi parte idealista, se transforma, dentro de mí, en mi parte más hostil, quizás porque advierto que no tendré remedio ni enmienda, ya que esos seudomodelos que uno trata de elegir para decir "no derrumbaré Sodoma", tienen defectos que por ahí uno no se permite tener y que justamente hace a la cosa de que uno tienda a modelizarlos porque cree que son diferentes en eso y se encuentra con la mina antipersona, haciendo click debajo de la planta del pie.

Así que sí maté al elefante blanco.

Sí lo maté.

El último elefante blanco

Hay cosas que soñar.
Hay magias en que poner los sueños.
Hay sueños llenos de magias que llevar a la realidad de lo imposible.


Y sin embargo, uno se desasna. Uno aprende que creer es una cuestión de no cuestionar, de no preguntar, de no saber.


Ojos que no ven, corazón que no siente, siempre decía mi abuela.


Yo me jacto de tener un corazón que se hizo piedra. Me jacto de esta fuerza incorruptible que tiene todo desesperanzado.

He puesto, sin embargo, mi latido a creer en ciertos elefantes blancos.
Es este amor por África lo que me vuelve un analfabeto de la vida.

Los elefantes blancos son tan raros que no existen más que en los deseos.

No consigo matar del todo este desesperado deseo de creer, mientras veo morir al elefante blanco en que creía.

No sólo lo he cazado en sus reductos.
Lo he matado, aquí, en mi corazón, que se muere con él, como en un cuento contado por masais.

La noche culo abajo

el demonio se sienta sobre mí

el demonio sentando sobre mí
ese espíritu tieso
ese dolor desde el afuera adentro
desde el adentro afuera
que no consigo definir consciente

la luz no está

el mundo es todo noche

y este peso

este peso

como si todo el universo todo
viniera a hacer un nido sobre mí
con sus múltiples formas
con sus múltiples luchas
con sus múltiples fracasos deicos

no abro los ojos al ámbito de sombra
porque el miedo me acampa las pupilas
en su midriasis loca
en su midriasis
como la de los muertos y los espantados

y esta mañana que no llega nunca

y esta mañana que vendrá dispuesta
a volverme la noche más temible

El estado inconcluso




Las etapas terminan.

Algunas, sin embargo, se hacen eternas y no acaban nunca de exigir sobre nuestra capacidad de soportar.

Otras semejan un resplandor de esos que se perciben apenas con el rabillo del ojo y al girar la mirada para buscarlo, ya no existe. 

Quedan en la memoria como algo entre lo real y lo irreal, algo que pudo ser verdad o que nuestro deseo de ello convirtió en instante, para que, en algún sitio, eso que deseamos fuera posible.

Las etapas terminan. Todas terminan. Hasta las interminables.

Terminan pero nada se detiene.

Desde aquí observo ese mar que soy y que se va y regresa, lo mismo que la vida va y regresa desde el futuro hacia el pasado, como buscando donde enganchó los bordes que todavía le impiden deshacerse y finalmente desaparecer.

Overbooking

La primera vez que me dijeron que tenía que subir a uno de esos, fue en Senegal.

Cuando lo veías aparecer no sabías lo que era.

Se veía una cosa gorda que avanzaba entre una polvareda media roja. La cosa parecía un paquete de serpentinas de todos los colores imaginables, que venía bamboleándose por un cauce que con muy buena voluntad podríamos llamar "camino de tierra".

No se sabía si era un bondie, un camión o un montón de personas de un circo, que se llevaban unas en hombros de otras. Tal era el apiñamiento.

Yo había caminado no me acuerdo ya la cantidad de kilómetros en ese dulce calorcito africano y los pies adentro de las botas parecían dos escuerzos que se devoraban a si mismos.

No sé como conseguían hacerte lugar los que ya venían apelmazados, casi fundidos unos con otros porque se te perdían entre tantos tus propias partes anatómicas, pero te hacían espacio.

Ahí en la parada esa éramos como siete u ocho.

Yo fui a parar al techo, con dos camaradas senegaleses, porque hasta en el techo se viajaba y creo que todos los pasajeros además del chofer también prefirieron tenernos allá arriba antes que cerquita.

Diario somalí



La balanza torcida

- ¿Alguna cosa deberéis hacer? Vamos a morir todos si no tomáis alguna decisión pronto.- dice Angélica y la luz del farol le va moviendo fantasmas por el rostro.

Está sucia y cansada, como todo el paisaje. No puede – como en sus épocas de feliz civilización - ir a su casa a mudarse de ropa, acostarse en su cama, escuchar música, olvidarse del día de hospital.

Aquí el hospital la habita, como la habita el hambre, la impotencia, la terrible zozobra de decidir a qué niño darle el alimento que negarle a otro, decidir como Dios las posibilidades magras de la vida y hacerse fuerte en ellas, severamente fuerte y ajena a la arbitrariedad.

Solamente se raciona el alimento entre los que tienen posibilidades ciertas de sobrevivir y ser trasladados. Los otros son una estadística de espanto.

Luego existe lo de allá afuera. Esa sed de sangre que se avecina y purga la noche con escaramuzas.

- Hay que salir y limpiar el terreno.- le digo a los australianos – Ya que nunca llega la Amisom, lo vamos a tener que hacer nosotros.

Llevamos muchos días sin dormir y ya casi no nos quedan suministros de ninguna clase, porque la ayuda no atraviesa el cerco. Muere lejos. A veces escuchamos las explosiones y sabemos que la vida se acorta sobre todos.

Los del último grupo de refugiados que llegó por la noche, le explicaron a Ahmed Mbede que no son muchos los que están afuera y nos acechan. Sólo están ahí, armados, esperando. Con esperar les alcanza para hacernos pedazos a pesar de estar también nosotros bien armados.

El japo no cree lo que dicen los refugiados. Opina que los están usando para hacernos confiar.

- O salir.- murmura Matithiau – Están esperando que salgan a buscar agua y comida.

No dice “salgamos”. Salgan, ustedes, los que no son médicos.

Los médicos vinieron a ser médicos y a tratar de salvar yo me pregunto ¿qué?

Conferenciamos debajo de la carpa y a la luz del farol.

La noche es una cosa que se cierra, que no descansa, espesa y maloliente, como un tacho de basura destapado, repleto hasta el borde con todo tipo de desperdicios que fermentan.

La noche no trae calma. Es insidiosa y pesada. Se vuelve un animal baboso y persuasivo que trepa desde todos los bordes y va oscureciendo y ensuciando los ánimos y las voluntades.

- ¿Y si salimos y cruzamos, qué? ¿Tendremos la oportunidad de llegar a Mogadiscio a buscar alguna ayuda?- pregunta uno de los cooperantes.

Ángela interviene, mientras lucha con los mechones del cabello que el viento seco y áspero le echa sobre los ojos.

- No se irán todos, tío...¿qué hacemos nosotros si os vais todos? ¿Quedar librados al azar? Los médicos no podemos dejar a toda esta gente...así.

No es sólo salir.
No es sólo ir.
También hay que volver.

Hace días que pedimos refuerzos para manejar la situación y empezar a mover la multitud que se nos acumula. Pero nadie nos oye. O no pueden llegar. Desde aquí no se sabe.

Lo único que percibimos claramente es este estado feroz de sobresalto del que no podemos desprendernos ni cuando jugamos con los niños que aún pueden jugar.

- ¿Sabes porque están ahora esos ahí afuera? – pregunta Ahmed al ruandés que ocupa el extremo de la sombra con la que el farol nos lame a todos. Él también sabe por qué están ahí, pero prefiere que lo diga el otro.

El ruandés levanta los ojos y las escleróticas blancas parecen lucecitas. Él se pierde en la sombra, como una mancha de uniforme verde, que también está en sombras.

- Esperando para llevarse a las muchachas que sirvan para esposas.

Habla siempre muy bajo y casi sin gestos y casi sin voz.

- Quizás convenga negociar algunas.- susurra uno de los keniatas – Buscar algunas y ofrecerlas. Ellos se irían, dejarían trabajar a los que queden aquí, nadie moriría. Ellos estarían contentos y nosotros tranquilos.

Angélica nos observa como a una troupe de monstruos pavorosos.

Sabe que nosotros estamos contemplando la posibilidad, aunque nadie lo diga.

(desde el comienzo de julio al fin de septiembre, 2011) 

Quién podrá defender-me?


Estampas del Kivu


Lossing

Holowitz murmura al fondo del teléfono. Nueva geografía.

Después cambia de tema y me avisa que Eyma "se le perdió". She's lost.
Yo tengo que entender.
Uno se acostumbra a entender hasta lo que los demás no saben como explicar. Pero no le pregunto ¿ Volvió con...? y puntos suspensivos.
Solamente me escucha respirar. También se me pierde - por un largo momento - la palabra.

Manos

- Give me the gun...please... give me the gun . Give, please... give me the gun ... give-me-the-gun...

- ¿No ves que no entiende inglés?- me dice Riera.

Una mano extendida y un fusil en el suelo obran milagros.

*

Cuando lo encontramos, se arrastraba desesperadamente por todo el barro cuarteado mientras echaba chorros desde ambas arterias radiales.
Eso dijo Virginia.Que eran las radiales.

No quería irse del pueblo sin sus manos.

*

Jugamos a hacer títeres con sombras.
Sobre el campamento, la muerte acampa con mucha sutileza a pesar de los fuegos.
Nosotros, hacemos lobos, ciervos, palomas, mariposas, jugando con las manos delante de la luz.
Los niños saben reir en todas partes.


Tiros de gracia

Hay tanta sangre y tanto olor a carne descompuesta que el aire parece una caja.

Le cortaron las tetas y las manos.
Una en realidad se la dejaron a medio cortar, así que está adherida por un colgajo de piel, pero está suelta.
El cuerpo le sangra por todos lados. O lo que queda de él.
Entre las piernas es mejor no adivinar que pasa o por qué es tan grande el charco coagulado.
Eyma me dice que la boca dice que por favor la maten.

Pac.

*

Le veo el ojo y también veo al pajarraco carroñero junto a la cara despedazada.
El ojo está vivo. El cuerpo sin piernas y sin brazos no.
Puedo verlo a diez pasos, fijo en mis ojos.
No me mira las manos que no levantan el fusil. Me mira los ojos, para quedarme adentro.
El ojo me mira los ojos.
El carroñero suelta el picotazo.
Ahora el ojo no me mira más.

*

Nos dan agua en una botella plástica que dice ONU.
La francesa nos explica que están colapsados y que tratan de auxiliar "a los que se pueden curar" pero que no tienen medios para casos tan desesperados, que más adelante en el otro puesto, que es más complejo, que...que...que...

¿Qué?


A paso de hombre

Sigue caminando delante.
Tenemos que ir a paso de hombre o atropellarlo.
Parece un niño lo que lleva en brazos. Vemos colgar piernas pequeñas desde el lado derecho de su cuerpo.
Mando a Butter para que lo mueva hacia a un costado y podamos pasar.
Hace muchos metros que el hombre camina delante del vehículo.

*

Move, move, go, go...
Butter es impaciente y efectivo. Grita antes de bajarse, señalando las cunetas llenas de muertos, pero el hombre no lo obedece.
Por la margen contraria, la peregrinación sigue interminable. El hombre y el camión marchan a contramano de ella.
Butter se acerca al que camina delante del camión. Por si acaso esté armado, Spíndola lo cubre.

*

Butter vomita. Spíndola se abre hacia un costado masticando un Madonna Santa. Butter se inclina sobre los muertos de la cuneta y vomita.
- What's wrong?- gruñe Holowitz y aprieta la bocina violentamente.
La espalda del hombre sigue marchando frente al camión, imperturbable. Butter y Spíndola quedan atrás.

*

El camión espanta una fracción de la peregrinación y pasa junto al que camina. Yo lo miro mientras lo rebasamos a paso de hombre. Él lleva en los brazos un cadáver pequeño, que hierve de gusanos. Una marea blanquecina se mueve entre los trapos y devora la cara. Le salen por los ojos y la boca. El hombre marcha con la vista al frente.
- Ohhhh shit...shit...shit...
La monja joven vomita sobre mi uniforme.

*

Es una especie de pedazo que corre, empujándose con las manos. Todos corren. Pero él es un pedazo. Y no puede ir más rápido que las balas. El carro se traba en los cadáveres. El camión los pisa sin remedio. Le ordeno a Higa que lo alce. El obedece. Se trae medio hombre en brazos, como si estuviera robándose una estatua de Buda.

*
- Hay minas adelante. - ¿Y cómo sabeis eso? - pregunta el periodista. El terreno está regado de pedazos. De pedazos humanos.

*

Le prometí a Eyma o le juré a Eyma, que la iba a traer. Ella quiere estudiar. Regresar a la escuela que le robó la guerra. Una niña soldado me cambia sexo por marihuana, pero acabamos intercambiando estrellas, pensamientos, preguntas. Hasta risa. Una soldado quiere volver a ser una niña. Llora sobre mi corazón. A mí se me terminan las respuestas si acaso hubiera alguna.

*

Mi único problema, es que yo me creo lo que juro.
Así te va, murmura Freak.




Paradisíaco

Día 7 - Y Dios descansó viendo que era bueno lo que había hecho.

Goldberg me presta la laptop. Yo escribo todo lo que escribí en la libreta.

Cronografía:

Un laboratorio X investigó en una aldea alguna cosa para “bien de la humanidad”.
Una guerra le llevó el mágico resultado de sus investigaciones, con lo cual obtener una patente, con la cual obtener el dominio sobre el asunto.
El laboratorio X contrató a un comando de servicios especiales para recuperar el producto de su investigación que el gobierno del lugar en guerra le robó para que sirviera en sus fuerzas armadas.
Para recuperar el producto de la investigación, un segundo comando consigue un contrato del gobierno del país en guerra para entrenar al producto de la investigación y facilitar que el primer comando haga contacto con el objetivo.
Durante una ofensiva, el producto de la investigación es desperdigado y capturado por una segunda milicia.
El producto de la investigación se pierde en la guerra.
Durante otra ofensiva, esa milicia que posee ahora al producto de la investigación que el primer comando busca, es derrotada y desperdigada por una tercer milicia.
El producto de la investigación vuelve a dispersarse. Además de los que son asesinados quedan todavía algunos capturados por la tercer milicia, de modo que pasan a revistar en sus filas.
El comando hace contacto con el objetivo.
Se recupera lo que queda del producto de la investigación.
El laboratorio X dice que ya no es importante y se desentiende de la retirada del producto de la investigación a zona segura.

¿Where is the winner in this game? quiero saber y :

1) Goldberg dice que nos llevó menos tiempo del que pensábamos.
2) Spíndola dice que siempre se trató de donde meterlos una vez encontrados.
3) Lo que picó a Engel le está comiendo el brazo hasta el codo. Quedó en un puesto sanitario que está bajo fuego.
4)Holowitz tiene cólera.
5)Freak trata de hablar con los kadogos que solamente lo ven como enemigo.
6)Huarkaya dice que ya tenemos que salir y que con suerte el lunes estamos en casa.
7)Higa está meditando.
8)Riera duerme.
9)Los Jhonston juegan a las cartas con los pakistaníes.
10)Yo, envío un mail.

0) Mi vida parece una novela de mierda.


La voz incompatible



Quizás tuve alguna estúpida ilusión con ella. Estúpida en el buen sentido de ilusión que se precie. Ya la ilusión en sí es una estupidez, así que con mayor vigencia corre eso de una ilusión estúpida. Catalogándola previamente de ilusión estúpida, me molesta menos la condición de iluso.

Pero en rigor de verdad, algunas veces busco en los armarios un aroma que me vuelva bueno, algo que me quite de mis caos la tantas veces superpuesta sangre, un ser distinto que salga de una rosa, perder momentáneamente todo el lado salvaje en una tentativa de caricia, olvidar los paréntesis sombríos para aprender los nombres de otras cosas que no sean oscuras, permitirme ser un rato cursi.

Vuelvo enseguida en mí.

Soy yo y mi tontería de imaginarme en mapas con tesoros de otros, la veta de escritor que cruje emparedada detrás de la miseria del hombre en el que habita, el idioma en que hablo, tan falto del optimismo natural de la ignorancia o es esta posición de haber vivido siempre entre la muerte, la que me aleja de todos y de todo aquello que quiere continuar estando alegre.

A veces intento tener expectativas como la demás gente, poner en algún otro la esperanza, intentar creer en él, ser diferente, fácil, compatible. Pero no lo consigo.

Parece que nunca van a terminarse las sirenas. Se ha vuelto hiriente el aire.

Diario somalí



El Chapulín Colorado

Ya nadie quiere salir a cavar tumbas.

Estamos encerrados en la esfera, sin protección ni abrigo.

La esfera nos tiene donde nos quería: en el centro exacto del altar del sacrificio y es cuestión de un poco más de tiempo que lleguen los sacerdotes que ofician ritos lejos.

Por el momento, envían emisarios para tratar de negociar con los de la Amisom que quedaron encerrados con nosotros cuando ellos completaron el cerco.

Tratan de negociar con el ruandés y los dos kenyanos la entrega de los blancos.

El ruandés es muy joven. Tiene miedo. Es tan delgado que el fusil le inclina el cuerpo hacia delante.
Los kenyanos están resignados, impasibles.

Los tres hablan muy poco y se mantienen lejos del mundo somalí, como si estuvieran de paso en este infierno mínimo al que no acudieron por vocación como los médicos ni por estupidez como nosotros.

Si se quitaran las insignias de Amisom, se confundirían fácilmente con los mismos que están obligados a combatir y que ahora intentan negociar con ellos que les entreguen “a todos los blancos”.

En este campamento quedan todavía tres médicos (originalmente eran siete), dos periodistas que no están por gusto sino porque llegaron arrastrándose a través de la sabana cuando atacaron el vehículo donde viajaban con otros dos que no llegaron jamás hasta nosotros, dos cooperantes humanitarios de una ONG turca que perdieron al resto de sus compañeros intentando montar en esta zona un espacio precario que les de a los muertos un día más de humano, cuatro voluntarios judíos y un chofer guía, Ahmed Mbede.

Estamos encerrados con una cantidad de refugiados a medio morir que esperan en silencio, como estatuas de tierra seca y negra, que les acontezca lo mismo que a nosotros.

Y sin embargo, mientras trabajamos entre todos sus cuerpos y prometemos derivarlos a campamentos donde puedan comer y hasta quizás sobrevivir, sabemos que somos lo único que tienen.

- Aquí sólo nos tenemos los unos a los otros. La paz debe ser algo así. – le digo a Akar, que ha terminado sus plegarias y ahora carga la pala de los enterramientos.

- Belki...- contesta, en turco. Y sonríe, mientras me palmea la espalda para que iniciemos juntos la tarea diaria de tapar cadáveres.



( de julio a septiembre, 2011)

Escurrencia


Tiendo muros de sombra y me reclino contra la oscuridad.

Apenas hay murmullos de barraca. Hemos cenado bien. Hicimos bromas y luego cada uno se consiguió una estrella para mudar el alma.

Somos todos personas sin familia que pasamos pruebas rigurosas que no podemos relatarle a nadie.

Por familia no hablo de parientes. Hablo de lo que está cerca de uno cuando uno está lejos. De eso no tenemos los que estamos aquí. No tenemos una cama o una risa o una mirada de añorar.

Porque hemos elegido no añorar hemos dejado de añorar y perdimos a quién.

Nuestra vida es una elección que se compone de soledad y bordes.

Somos equilibristas que no vuelven a casa por las dulces aceras de la vida.

Saltamos de un abismo al siguiente y en eso de saltar tantos abismos, vamos quedando lejos, separados, abismalmente separados de los parques y de las plazas, de las tardes soleadas y las mesitas sobre las veredas del verano, en el dolce far niente de los momentos tibios.

El cielo del Neguev es una intensa arquitectura del misterio.

Entonces pienso que nunca me despido de nadie. Nunca me despido como la gente suele despedirse. Me voy, sencillamente.

Soy una condición de la soledad.

Mal puede despedirse el que no ha estado nunca como para dejar recuerdos en las manos de otro.

(De: Hojas de sombra)

Ani ohev (y luego hipografía)

Gavri'el dice:

creo que me estoy reblandeciendo

Israel me hace mal

me pone tierno
y eso no puede ser

soy un pan que se rompe
- apenas -
con
un
gesto

ni la mano hace falta

********

creo que me estoy reblandeciendo

Israel me hace mal

me pone tierno y eso no puede ser

soy un pan que se rompe
con un gesto shabático

ni la mano hace falta

luego viene tu boca

y me habla de los simios que no hablan
y me habla de la luna que rige en el amor
y de todas las áridas entregas
de los ardidos montos de la lucha
de todos los que han muerto
adentro de un latido que ya no existe más

yo soy
acaso
un paredón de piedra con disculpas
que hacen a la fe

te escucho y callo
- no te olvides jamás que soy de piedra -

callo
encerrando lo que nunca diré
lo que enterraste en mis grietas vacías
empujando un pedido anterior
ya extinto o muerto

yo solamente callo
como un extraordinario secreter
que atiende de la vida
y atiende de la muerte
los más idolatrables pormenores

yo soy todo depósito y espera

también le hablaría a D.os aquellas veces
en que inventara oídos para escuchar al hombre

Suaves salones azules para gente azul que se apoltrona suave-mente

Suaves salones azules para gente azul que se apoltrona suave-mente.

El tema de los vínculos y sus vinculantes.


La gente que se parece se junta. La que no se parece, se separa.

A veces, alguien cruza la línea divisoria, pero, en la margen contraria, nadie le sella el pasaporte. Ergo, no puede entrar a ese país, porque en el fondo de todo, el hombre ha dividido estratos y estamentos, hasta el punto inverosímil de las barras bravas y los países de buenos y de malos.

La mixtura es difícil. Va con X. No es mistura, es miXtura, con X.


Salvedad al margen, en el fondo es el efecto “demasiado hembra”.

¿Me vas a reprochar que tome mis recaudos, que me calce el casco a las orejas y me ponga a perorar de Freud?

Tenés que empezar a evaluar tu desconcierto para advertir que soy desconcertante, porque nadie se parece a mí y D.os echó mi molde hacia el abismo el día que me vio tan malnacido. Habrá pensado “demasiadas cruces (dicho en cristiano, seguro que se capta mejor)y así igual las aguanta” y se asustó de estar en otras cosas según Anderson Imbert o lo que es peor aún, haberse muerto, según Nietzstche.
Los diferentes hablan, dice Moshe Dayan.

Los diferentes hablan con el solo objeto de entenderse y siempre hay un punto entre dos, al que arribar.

Yo respeto a los que viven lejos, en esa orilla que nunca será mía (pero que es la de ellos), siempre y cuando me merezcan respeto .

¿Ellos respetarán cómo me expreso o preferirían oírme hablar chapuceando en su idioma? Chapucenado del verbo chapucear y del sustantivo chapucería.

El que quiera saberme, que me lea con la conciencia limpia.

Tzabar




Hay heridas de guerra que no tienen arreglo ni sutura ni prótesis.

Una herida es lo que te recuerda aprender de tus truenos su capacidad para siempre ser tormenta y no quedarse en amagues ruidosos.

O se nace para resistir o se nace para claudicar. En el medio, la polución vegetante y quejosa.

Me suelen preguntar por qué no me arreglo el incisivo central izquierdo.

Está partido en chanfle, o sea, es un diente roto en diagonal en su parte de morder.

Quisieron arreglármelo mis mujeres, mis dentistas, mis superiores, mis amigos.

Siempre dije que no y no cedí a ese “...pero te queda feo” o al otro “te hace sonrisa de hijo de puta” que es lo que argumentan cuando digo que no me lo voy a arreglar nunca.

De la rotura de ese diente también me quedó una cicatriz sobre el labio, que con el tiempo se fue desdibujando y perdiendo la trascendencia que tuvo en el momento en que fue herida.

Al fin y al cabo es un recuerdo de mi madre: un golpe en la cara con una sartén de hierro.

No voy a renunciar al único recuerdo que hace visibles las marcas que su amor dejó en mí.


Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Chocolate bombón

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

Registrados... y publicados, además.

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe